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Capítulo 33

Doctor, ¿Me Puede Usted Decir Qué está Mal en Mi Hijo?

Por Kymberly Boyd Vest

Kym Vest y su esposo, Bryan, viven en Springfield, Virginia, con su hijo Joshua, el cual nació en Enero del 2001. Esta historia fue escrita en Junio del 2002.

Joshua Lee Vest nació en Enero 13 del 2001, en Charleston, Carolina del Sur. El era un saludable y precioso niño el cual, para mí y su padre, era realmente un regalo de Dios. Observando a nuestro pequeño milagro, sentimos al instante el amor incondicional que un padre siente por su hijo. Durante mi embarazo leímos libros acerca de “apego a los padres” y decidimos que nuestro hijo iba a ser criado de esta forma. Estaba determinada a amamantarlo, dormir juntos, cargar mi bebé en un cabestrillo, y dejar a un lado mi carrera de masajista y terapeuta de cuidados de la piel con el fin de convertirme en una madre de tiempo completo. Sabíamos que esto sería una batalla, pero estabamos dispuestos a recortar los gastos y vivir con un presupuesto ajustado con el fin de otorgarle a Joshua uno de los más preciados regalos que un niño puede tener: la devoción por tiempo de calidad de sus padres.

Escoger al pediatra de Joshua no fue difícil. El doctor llegó con altas recomendaciones, y su práctica estaba respaldada por el hospital infantil local, el cual está calificado como uno de los mejores en el país.

Fue por la práctica médica de este pediatra, sin embargo, que el baile de pesadilla de mi hijo con una bestia pendiente por ser nombrada, empezó. Mi identificación del autismo de mi hijo, y los tratamientos que he descubierto, han puesto a mi hijo en el camino de la recuperación – recuperandolo de una bestia que intentó robárselo de su padre y de mí.

Los problemas de Joshua empezaron a los nueve días de edad, cuando descubrí candidiásisen su boca y el área del pañal. El doctor recetó nistatina oral. Esto empeoró la candidiásis (aprendimos posteriormente que la medicina estaba contenía azúcar, lo que alimentó a la levadura). Entonces el fué sometido a algo mas fuerte: diflucan oral (de nuevo, contenía azúcar). Esto mató la candidiásis de su boca, pero no la del área del pañal. Yo, por el otro lado, adquirí candidiásis en mi pecho y desarrollé mastitis. Jugamos ping pong por semanas con la candidiásis, pero estaba determinada en continuar dándole leche de pecho. 

Finalmente, después de muchas semanas de medicina, Joshua y yo pusimos la levadura bajo control. Pero el empezó a mostrar otros síntomas de su enfermedad, la cual (recordando), parecía coincidir con sus inmunizaciones. Estuve llamando al pediatra de Joshua semanalmente, insistiendo que el sistema inmune de Joshua no se estaba desarrollando normalmente. Luchamos no solamente con la candidiásis, sino también con una constante congestión crónica, eczema, y sensibilidades a alimentos. Parecía que cualquier cosa que comía lo afectaba cuando era cuidado. En cada visita al doctor el iba enfermo, pero el continuó recibiendo sus inmunizaciones.

Para su visita de rutina de los seis meses el se estaba poniendo peor, ahora con rápida respiración profunda, urticaria, eczema, congestión, infecciones de los oídos, y un color ceniza alrededor de su boca, manos y pies. Pero su pediatra no me tomó en serio y me trató como una madre primeriza sobre reactiva.

Joshua tuvo una severa reacción la noche después a la que recibió sus inmunizaciones de los seis meses. El estaba teniendo una fiebre de 104.5°F (40.2° C) y convulsiones, con sus ojos dando vueltas hacia su cabeza. Cuando llamé a su pediatra me dijo que esto era “normal” y que le diera una dosis doble de Tylenol, y que lo monitoreara.Esta reacción nunca fue anotada en su historial médico o indicado en su Línea de Reacción a Vacunas CDC[Enfásis del Editor].

Joshua continuó con su regresión. El ahora estaba mostrando falta de apetito y estaba reaccionando negativamente a los alimentos que le daba. Estaba muy frustrada y ansiosa por recibir ayuda, así que empecé a hablar con especialistas en asma y alergias. Joshua fue colocado en un nebulizador con albuterol, y fue diagnosticado con una sinusitis e infección de oído y más candidiásis. El doctor lo admitió en el hospital con una IV y revisó su corazón con un ecocardiograma (EEG), encontrando que estaba normal. Una prueba de fibrosis cística resultó ser negativa.

Debido a que mi hijo no estaba mejorando lo llevé con otros doctores para una segunda, tercer, cuarta y quinta opinión. Le realizaron pruebas de piel para alergias alimenticias, las cuales resultaron negativas, y el fue evaluado en la enfermedad ciálica debido a que había desarrollado excremento aceitoso de color verde oscuro o, excremento blanco y poroso que olía muy mal.

Joshua básicamente dejó de crecer y ganar peso, y para el noveno mes de edad había decaído del 50% de estatura y el 75% de peso a menos del 30% en ambos.

El pediatra que atendió a Joshua en su visita de rutina del noveno mes me dijo, “Este niño ha sido visto por más doctores que las píldoras del  hígado de Carter y ellos no han podido encontrar nada malo en él. Para serle honesto, todos ellos me han dicho que piensan que usted es una madrea sobre reactiva y quizásustednecesite ver a un doctor por su cuenta para que le dé algún medicamento para la ansiedad. Sin embargo, yo soy el único doctor qe no piensa que usted está loca – usted simplemente tiene que alimentar a su hijo con más calorías por día para conseguir que regrese a los rangos de crecimiento. No me importa lo que usted le dé en su dieta hoy en día – déle malteadas de leche, agregue mucha mantequilla a sus alimentos – como sea necesario logre darle de 900 a 1100 calorías a día”.

¡Estaba furiosa! Cómo era posible que me dijera tales cosas. Para colmo de los colmos, el le dió a Joshua otra inmunización, ¡y todo lo que mi hijo tenía era una fiebre y una infección de oído!. Esta fue la última ocasión que Joshua fue tratado por esta práctica médica.

Los nuevos síntomas que se agregaron a la lista fue su rechazo a los alimentos sólidos y con textura – el hacía gestos y vomitaba. Su comportamiento se estaba convirtiendo en también muy extraño: el había empezado a gritar constantemente en un tono muy agudo, y no se dormía a menos que lo paseábamos en su asiento del auto. El también se convirtió en un adicto a los videos – rehusando cualquier actividad inclusive comer a menos que fuera durante un video de “Baby Einstein”. Además, el empezó a golpear su boca en las paredes y el piso, y ya no tenía interés en jugar con sus juguetes – a cambio se los quería meter a su boca. Pensamos, “Oh, es solamente la dentición”.

Encontré a otro pediatra y le platiqué mi historia, sollozando todo el rato. Le dije al doctor que Joshua estaba en un hogar amoroso y que éramos grandes partidarios de “apego a los padres” -- ¿en qué nos estábamos equivocando?. Sabía que yo no estaba loca. Mi intuición me dijo que mi hijo estaba terriblemente enfermo y no se estaba desarrollando ni física ni socialmente.

El nuevo pediatra indicó otra evaluación en Joshua por fibrósis cistíca – negativa; una prueba pH por reflujo – negativa; una ingesta de bario – negativa. De regreso a el E.N.T., el cual programó una laringoscopía y broncoscopía para ver si existían algunos vías respiratorias, y cirugía para colocarle tubos en sus oídos (Joshua estaba ahora en su octava infección de los oídos). La mañana de su cirugía programada, él fue admitido en el hospital con una deshidratación y probable neumonía, así como su permanente infección de oído. Una vez que el estuvo limpio, la cirugía se realizó, los tubos fueron colocados en sus oídos, y otras pruebas se realizaron. Después de todo, el doctor nos dijo que la apertura del estómago de Joshua mostraba una gran fuga y una irritación mayor de la mucosa, consistente con reflujo. Desesperados por una respuesta, nos convencieron. Pero como aprendimos posteriormente, estábamos equivocados.

El pediatra de Joshua consultó con E.N.T., y nos dijo que todo hacía sentido: el estaba teniendo reflujo y que este estaba tomando una vuelta en U hacia sus pulmones, por lo tanto causando asma y respuestas inmunes (eczema).

“Pero esto no explica todos sus problemas”, le dije. “Sus evacuaciones y sensibilidades alimenticias. Su rechazo a comer sólidos y sus bizarros comportamientos”. La última complicación con Joshua fue su rechazo a todo con excepción a la leche entera libre de lactosa, cereal de arroz obscuro, y fruta. El doctor recetó Prilosec, el cual tenía que ser preparado en una farmacia especial debido a las sensibilidades con el maíz que tenía Joshua. (En este entonces, Joshua estaba reaccionando al maíz, soya, gluten, la mayoría de las frutas coloreadas, y alimentos que contenían silicilatos y fenoles, especialmente las manzanas, tomates, y bananas).

Observamos una mejoría inicial durante los primeros tres a cuatro días, seguidos por una dramática regresión. Los días festivos se estaban aproximando y también el primer aniversario de Joshua. En lugar de estar entusiasmados en torno a visitar a la familia durante las vacaciones y celebrar la Navidad y el cumpleaños de Joshua, le estaba teniendo temor. Temor de que Joshua se enfermara de nuevo me abrumaba. Hacer maletas para salir de viaje con Joshua era casi como mudarnos de casa – no podíamos olvidar nada por el temor a que se nos “deshiciera”.

Cuando llegamos a la casa de la familia de mi esposo, había mucha gente ahí. Joshua se puso sobre estimulado y se puso a huelga de hambre. En tres días la familia completa estaba enferma de un desagradable bicho que estaba en el ambiente. Joshua estuvo terriblemente enfermo y muy congestionado, estaba cubierto de los pies a la cabeza con un bizarro sarpullido, y tuvo fiebre alta. Esa noche noche lo llevamos a la sala de emergencias y fuimos enviados a casa con la respuesta que estábamos esperando: el tenía un virus. Diez días pasaron y el virus se tornó peor. Los ojos de Joshua estuvieron constantemente dilatados, le estuvimos dando nebulizaciones cada cuatro horas, y su naríz estaba escurridiza, con moco verde y espeso. Regresamos con el pediatra y E.N.T., el cual ordenó un escaneo CT de las cavidades sinusoidales que mostró absolutamente nada de aire en tales cavidades de Joshua y una fuerte infección. Iniciamos otra ronda de antibióticos.

¡ESTO ERA DEMASIADO!. Tenía que obtener una respuesta, así que llevé a Joshua con alguien que mi propio doctor me había recomendado: una mujer con un Ph.D. en medicina naturista la cual se especializaba en estudios de sangre fresca. Ella tomó una gota de sangre del talón de Joshua y la colocó en una filmina de microscopio la cual estaba conectada a un televisor para que observáramos nosotros. El semblante inicial en su cara me dijo que algo estaba terriblemente mal. Ella empezó a señalar en el televisor y a explicar como estaba cada parte de su sangre y cómo funcionaba en su sistema. Ella dijo, “Su hijo tiene una severa infección de hongos en su sangre – esta es levadura, esto es alimento no digerido, este es un parásito, un gusano de la sangre. Su hijo tiene intestinos permeados. Sin embargo, a pesar de que tengo un Ph.D. en medicina natural, legalmente no puedo diagnosticarlo. Solamente le puedo decir lo que veo y de donde proviene. Este niño está muy enfermo y los antibióticos son la peor cosa para él ya que está alimentando a la levadura. También, usted tiene que retirarle todos los productos lácteos y empezar a darle a cambio leche de soya o de arroz”.

La soya estuvo descartada así que nos quedamos con la leche de arroz libre de gluten. También le empezamos a dar plata coloidal, un bactericida y antilevaduras natural. En solamente tres días, la naríz de Joshua se limpió y empezó a mirar mejor. Este fue un gran salto en la dirección correcta, pero seguía preocupada en torno a su comportamiento y sensibilidades alimenticias.

También estuve preocupada acerca de sus sensibilidades ambientales. Habíamos experimentado muchos problemas con el moho. En cuanto regresamos al recién nacido Joshua del hospital a la casa, descubrimos moho creciendo en el sistema HVAC de nuestro departamento. Nuestro hogar entero se contaminó por completo. (El moho libera las mismas toxinas encontradas en químicos de guerra. Es neurológiamente muy debilitadora, especialmente para los niños autistas, como lo aprendimos posteriormente). Nos mudamos a otro departamento, recién construido, el cual también ocasionó en Joshua reacciones debido a que había material nuevo en la alfombra y su relleno, y una nueva pintura que estaba “liberando gases”. Era muy tóxico. Nos mudamos de nuevo. Para nuestra sorpresa, el tercer departamento tenía una fuga de agua que no había sido arreglada correctamente – y encontramos moho creciendo por el interior de las paredes (Descubrí el moho poco tiempo después que aprendímos que Joshua estaba teniendo problemas de “intestinos permeados”). Conversación de mala suerte, pero estábamos aprendiendo algo muy importante. Estábamos encontrando soluciones a los problemas de salud de Joshua.

Una noche, tres días después de que el naturópata nos había dicho acerca de los intestinos permeados de Joshua, me senté en mi computadora y pronuncié una oración. “Dios, por favor, ayúdanos a encontrar lo que realmente está mal en Joshua y ayúdanos a curarlo. El no merece este sufrimiento. Necesito respuestas y hasta el momento solamente hemos recibido una que estamos seguros de ella. Si esto es parte de un gran rompecabezas, por favor guíame con esta computadora esta noche y muéstrame hacia dónde quieras que me dirija. Te necesito ahora, y Joshua te necesita a tí”.

Escribí INTESTINOS PERMEADOS EN INFANTES en el Internet. Lo que apareció en la pantalla me robo el aliento. Era el reporte del Instituto de Investigación del Autismo acerca de la toxicidad del mercurio en las vacunas, y su comparación con los síntomas autistas en niños. A medida que leía el reporte, momentos de terror se treparon a mi corazón y me sentí sin aliento. Tuve un ataque de ansiedad en ese momento (solamente escribir al respecto hace nudo mi estómago). Este reporte listaba CADA síntoma lde os cuales estuve quejandome con cada doctor que me escuchaba. Esta era mi respuesta, lo sabía.

Fuí a mi habitación y desperté a Bryan, mi esposo, y le pedí que me acompañara a la habitación de la computadora. Sollozando, le mostré el reporte. Le dije, “Joshua tiene autismo”.

Bryan me miró con incredulidad y me abrazó largo rato mientras yo lloraba. “Kim”, me dijo, “no puedes creer todo lo que leas en el Internet”. Lo detuve a la mitad de su expresión y le expliqué que esta era una intervención divina, que le había rezado a Dios antes de buscar respuestas en “línea”. Revisamos el reporte, y Bryan no pudo discutir. Simplemente nos abrazamos y rezamos.

La siguiente mañana le llamé al Dr. Bernard Rimland del Instituto de Investigación del Autismo. El tomó mi llamada y escuchó mi historia. El me dijo que yo era una “joven mujer inteligente que descubrió los síntomas de Joshua e hice una conección cuando el tenía solamente 13 meses de edad”. El también me ofreció esperanza, y el nombre del doctor que ejercía medicina ambiental y que también era un doctor DAN!. El también me dió el número telefónico de Kirkman Labs, un distribuidor líder de suplementos libres de gluten y caseína preparados a las necesidades de niños autistas. “Usted necesitará a Kirkman”, el me dijo.

Así que nuestro viaje empezó. Tuve otra platica con Dios. “Si esta es tu respuesta, dános una cura”, recé. “Dame la orientación para recuperar nuestro hijo. Permíteme confiar en los instintos que me han puesto en donde estoy”. Tomé el teléfono y le llame al doctor DAN!, Allen Lieberman, M.D. Pero existía un problema, su oficina no era capaz de aceptar las coberturas de la aseguradora de Joshua, así que decidí esperar. Cuando llamé de nuevo para hacer una cita, la administradora de la oficina del Dr. Lieberman, Sheila, contestó el teléfono. Solicité una cita sabiendo que iba tener que cargar el costo de la consulta a mi tarjeta de crédito, pero no tenía opción. Tenía que sanar a mi hijo. Sheila me recordó y dijo que ella había rezado para que de alguna forma pudiéramos lograr que Joshua lo revisara el Dr. Lieberman. Ella hizo la cita.

Durante su primer visita con Joshua, el Dr. Lieberman tomó muestras de cabello para realizar una prueba de toxicidad de metales pesados y muestra de orina para hacer pruebas de levaduras. El también acordó que las inmunizaciones, así como las exposiciones ambientales, habían jugado un papel en los problemas de Joshua, junto con sus problemas crónicos con las levaduras.

Cuando los resultados de las pruebas de Joshua estuvieron disponibles, estos mostraron niveles extremadamente altos de levadura, así como niveles altos de aluminio, antimonio, arsénico, bismuto, cadmio, plomo, mercurio, plata, estaño, titanio, y uranio. “Primero”, dijo el Dr. Lieberman, “tenemos que sanar sus intestinos. Segundo, necesitamos quelarlo, pero no hasta que los intestinos estén sanos y la levadura bajo control”.

Iniciamos a Joshua en tabletas de Nizoral para matar la levadura. Esto coincidió con el descubrimiento del moho en nuestro último (y tercero) departamento. Cuando llamamos al Dr. Lieberman para decirle lo relacionado al moho, el me dijo que sacara a Joshua del departamento de inmediato, y que no lo llevara de nuevo. El dijo que evitáramos hogares recien construidos, debido a la “liberación de gases”, los cuales son muy tóxicos para los niños autistas.

Desechamos todos nuestros muebles y todas nuestras pertenencias fueron alejadas y limpiadas con un antimicrobiótico para el moho.  Vivimos en hotel durante dos meses. El ambiente del hotel, sin embargo, hizo maravillas en Joshua. Empezamos a observar grandemente su curación a medida que la levadura moría y el ya no estaba expuesto al moho.

Debido a que Charleston es una de las peores áreas en la nación en alergias y tiene un alto nivel de mold debido a la humedad, decidimos relocalizarnos al Noroeste de Virginia para estar más cerca de los padres de Bryan y proveer un ambiente más sano a Joshua.

Aquí fué donde encontramos a la Dra. Mary Megson, mediante la ayuda de Kirkman Labs. ¡Realmente ambos han sido enviados por Dios a la comunidad autista!.

En el momento que la Dra. Megson puso sus ojos en Joshua, el cual no tenía 14 meses de edad, ella preguntó, “¿Siempre está pálido alrededor de su boca? ¡Sí!, grité practicamente. Finalmente, un doctor notó lo que otros no lo habían hecho, el color azul pálido alrededor de la boca de Joshua, y de sus manos y pies. “Creo que esta reacción es debido a la vacuna DPT”, dijo la Dra. Megson. Le dije que Joshua había tenido 14 vacunas para el tiempo que tuvo nueve meses y que me rehusé a que le pusieran más. “No MMR para él”, dije,  la Dra. Megson estuvo de acuerdo: “Uno no puede inmunizar a un niño que no tiene sistema inmune”.

La Dra. Megson tomo sangre de Joshua y explicó su teoría acerca de la forma “cis” de la vitamina A y sus propiedades curativas. Le expliqué que había probado con el aceite de hígado de Bacalao de Kirkman tanto oral y tópico, pero Joshua no podía tolerarlo. De hecho, en ese entonces el estaba reaccionando negativamente a casi todos los alimentos excepto al pollo y arroz moreno, a pesar de que el había progresado  con altibajos desde que el Dr. Lieberman lo habia evaluado. Sus evacuaciones de excremento eran todavía de un olor muy fuerte y blandas, estas eran de color verde a amarillo y repletas de alimentos sin digerir, y su piel estaba muy reseca con eccema y un sarpullido. El continuaba en 17 libras (7.7 Kgs.), y no estaba creciendo. Su lenguaje era muy retrasado (“papa-papa” era su único sonido, pero no estaba relacionado específicamente a papá”). La Dra. Megson me explicó que el efecto de muerte de la levadura podía causar evacuaciones de olor muy fuerte y el sarpullido de piel, pero las “conexiones bloqueadas” de su sistema neuorológico tenian que ser “desbloqueadas”. Estuve de acuerdo, ¿pero cómo?. El no podía digerir grasas o aceites, así que el aceíte de hígado de bacalao estuvo descartado; el no podía tolerar tampoco las enzimas digestivas. Estábamos condenados si lo hacíamos, condenados si no lo hacíamos. Intentamos cada alimento orgánico sin tener buena suerte, estábamos utilizando constantes tratamientos de nebulización para contrarestar reacciones asmáticas, Joshua continuaba teniendo erupciones de la piel, y el no comía sólidos, alimentos con textura sin hacer gestos y vómitos (teníamos que licuar sus alimentos y dárselos en cucharadas). El también empezó a golpear su cabeza, a dar vueltas y a arrastrar su cara por todo el piso.

Un par de semanas después, la Dra. Megson llamó para decirnos que una de las pruebas era positiva a laC. difficile, una bacteria que vive en los intestinos y que prospera de los desechos que la levadura genera. Ella recetó Flagyl. Este fue de gran ayuda: Joshua empezó a calmarse y empezó a ser verbal. El dijo sus primeras palabras: “beep, beep”, luego “adiós-adiós”, y “tickle-tickle-tickle” y “Uh, oh”. Sus evacuaciones empezaron a mejorar también. ¡Una pequeña victoria más!.

Encontramos a un nuevo pediatra en el noroeste de Virginia para la visita de rutina de Joshua de los 15 meses. El es un muy buen doctor el cual es de menta abierta a cualquier tratamiento que deseáramos probar; escéptico, por supuesto – la medicina conservadora lo tenía bajo control – pero lo suficientemente amable. Tenía que delimitar ciertos límites con él cuando empezó a revizar las inmunizaciones que Joshua tenía que recibir en esa visita. Le dejé en claro que hasta que fuera 100% garantizado que la condición de mi hijo no se afectara por las inmunizaciones, ¡las inmunizaciones adicionales estában canceladas!. Más aún, el sistema inmune de mi hijo era tán débil: el estaba contrarrestrando un resfriado ese día y tenía una fiebre de 101° F (38.3° C).Discutimos los retrasos del desarrollo de Joshua y el doctor sugirió que Joshua recibiera terapia ocupacional así como terapia del lenguaje. El también sugirió que Joshua fuera evaluado de sus problemas gastrointestinales en el Children´s Hospital en D. C..

Hicimos una cita con el jefe de gastroenterología del Children´s Hospital. Después de discutir en gran detalle le condición de Joshua, el sugirió una prueba de función pancreática, una sigmodoscopía, y una endoscopía para obtener algunas biopsias de tejido y echarle un vistazo al sistema gastrointestinal de Joshua de arriba hasta abajo. También requirió un estudio de sangre de alergias alimenticias para ver si algún anticuerpo aparecía, considerando que a inicios de la semana la introducción de huevo en la dieta de Joshua lo habían enviado al hospital en ambulancia. El doctor iba a salir al exterior para asistir a una conferencia médica, así que esperamos en recibir los resultados de las pruebas de otra persona de su oficina.

Los resultados mostraron colitis (inflamación de los intestinos). Sin embargo, estos no mostraron alergias a alimentos. Pero el huevo lo había enviado al hospital justo una semana atrás -- ¡estas pruebas no son confiables en niños!.

Bastante motivación llegó por parte de mi amiga Jen, la cual tiene un hijo autista altamente funcional, llamado también Joshua. Jen llegó a ser mi mayor apoyo. Cuando llegué al noroeste de Virginia y la contacté, ella vino hacia mí armada con libros para leer. Leí el libro de Karyn SeroussiUnraveling the Mystery of Autism and Pervasive Developmental Disorder(este libro se convirtió en una biblia para mí -- ¡hay que quitarse el sobre enfrente de Karyn y su esposo!). Jen también estuvo intentando motivarme en probar con las infusiones de secretina, ya que esto fué lo mejor que hizo para ayudar a que se recuperara su hijo. Ella me mostró fotos y videos de su hijo antes y después de las infusiones. El experimentó mejoras en contacto visual, comunicación y habilidades motoras finas, y aumento de apetito. ¡El había empezado a colorear con crayones y apilar bloques de armar el día siguiente a su primer infusión!. El también empezó a tener evacuaciones con mejor forma por primera vez.

Aun cuando la Dra. Megson no podía ofrecer mucha ayuda debido a las restricciones de Joshua, ella recomendó a Kelly Dorfman, una nutrióloga en Maryland quien estaba entre los “Quién es quién” para ayudar a los niños a recuperarse del autismo mediante la nutrición. Jen también me motivó a contactar a Kelly. Kelly estaba bien informada y sacó cada truco fuera de la bolsa para que lo intentara. Ella recomenó a un doctor en Maryland (el cual resultó ser el doctor del hijo de Jen), el cual había obtenido una forma diferente de secretina. Nos dirijimos hacia Maryland: yo, Jen, y los dos Joshuas. Los muchachos se les conectó intravenosamente y cada uno recibió una infusión.

Noté una ENORME diferencia en mi hijo en menos de una semana. Sus erupciones de la pieldesapareció y llegaron nuevas palabras – “E-I, E-I, O” de “Old McDonald”, “burbujas”, “dada” (para su papá). Su apetito aumentó, y el empezó aalimentarse por sí mismoalimentos sólidos, y alimentos con textura sin hacer gestosy vomitar. Su constante necesidad de observar videos desapareció, y empezó a tener interés en los juguetes. El también exhibió una gran calma. Sus evacuaciones no eran todavía muy bien formadas, y estuvimos considerando un fármaco llamado Dipentum para ayudarle con eso. El hijo de Jen también mostró signos de progreso con la infusión de secretina: el estaba más calmado, y se iba a la cama por su propio deseo a las 8:30 cada noche (previamente era una batalla para Jen llevarlo a la cama y que permaneciera ahí). El también mostró mejor contacto visual.

Poco después de la infusión, el ambiente se puso caliente en el exterior y decidimos encender el acondicionador de aire. En un par de días, el sistema HVAC en nuestro departamento (el cual había insistido que fuera inspeccionado antes de que nos mudaramos, y el cual estaba al parecer bien) empezó a emitir un olor a humedad, olor a “cebolla podrida” y Joshua empezó a retroceder: erupciones en la piel y diarrea, de vuelta al nebulizador, dar vueltas y arrastrar su cabeza por el suelo, y golpearse su cabeza con todo en la casa. El estaba también demasiado irritado. Empecé a rezar, “¿Ahora qué? Fuí con el administrador del departamento y le insistí que abrieran el sistema HVAC debido a que Joshua estaba enfermizo. Después de sostener una discusión, ellos enviaron a alguien y ahí estaba: el manual del fabricante que nunca fue removido del sistema, todo enmohecido por completo, tirado entre el abanico y el condensador. ¡NO DE NUEVO!. De regreso al hotel.

Mientras tanto, empezamos a administrarle Dipentum a Joshua para ayudarle con la inflamación de los intestinos. Esta fue una TREMENDA equivocación. Dipentum es un miembro de la familia de los salicilatos (fenol), un grave problema de Joshua. El estuvo tan miserable: diarrea y rascándose la piel, hasta que le sangraba. En mi desesperación, decidí evaluar un té que había leído acerca de él en el libro de Karen Seroussi. Es un té que los Indios Ojibwa nativos de América utilizaban para curaciones. Ahora es llamado té Essiac, en honor a una enfermera, Cassie (Essiac es un anagrama de su nombre), el cual lo recibió de un curandero Indio el cual lo utilizaba para sanar a mujeres con cáncer de mama.

Siendo una gran creyente en las hierbas (las cuales son mencionadas en más de 300 ocasiones en la Biblia), empecé a indagar, averiguar, y a hacer preguntas. Lo que obtuve fue una gran cantidad de respuestas positivas. Los padres de niños autistas reportaron dramáticos resultados en sus niños así como en ellos mismos. El té parece imitar las infusiones de secretina, ¡naturalmente!. Realicé una llamada y la ordené. La mujer de quien la ordené me dió el número telefónico de Jean Curtin, el padre de un niño autista de 15 años en recuperación, llamado Michael.

Le llamé a Jean, y Dios, de nuevo, hizo magia con su intervención divina. Me sentí como si estuviera hablando con la madre del mellizo idéntico a Joshua, ya que los síntomas y comportamientos de los niños eran idénticos (cuando Michael había tenido la edad de Joshua). La sabiduría de Jean, orientación, y dos horas en el teléfono me ayudaron más que cualquier doctor lo había hecho. Ella me dijó que los fenoles y salicilatos estan estrechamente relacionados, y me dijo acerca de la dieta de Feingold, la cual elimina alimentos que los contiene. Ella me dijo lo maravilloso que era el té – un milagro total para Michael – y me dijo que evaluara iniciar a Joshua en la vitamina B12. Problemas neurológicos y digestivos están frecuentemente ligados a una deficiencia de B12.

Ella luego puso a Michael en el teléfono. Me sentí tan honrada de platicar con él y lloré. Era como si hubiera platicado por primera vez con mi hijo – 13 años después. Michael explicó por que las personas autistas se auto estimulan, diciendo que el golpearse la cabeza lo hacía sentirse bien y ayudaba a liberar la constante presión, y que las vueltas lo mantenían conectado a la vida. El también sugirió que Joshua pudiera estar arrastrando su cabeza en el piso con el fin de alcanzar una fuente de mohou hongo para alimentar la levadura en su cuerpo, o que ese comportamiento pudiera estar relacionado con la levadura tratando de escapar. Estuve conmocionada al oir esto, ya que Joshua solamente hacía esto cuando estaba expuesto a un ambiente enmohecido. No le había dicho a Michael acerca de la sensibilidad al moho, pero él ya lo sabía. Este muchacho era uno  de los seres humanos más maduro, inteligente, e informado que había conocido en mi vida, y tenía un corazón de oro. El era el Secreto Mejor Guardado – un joven autista recuperado el cual podía dar respuestas a las preguntas que nosotros los padres nos hemos hecho. Hay que quitarse el sombre ante él y Jean.

Inicié a Joshua en el té cuando tenía 17 meses y medio, y me equivoco si realmente no imitó a una infusión de secretina. En menos de una semana observamos evacuaciones sólidas y una piel limpia, a pesar de que su piel se desquebrajó cuando aumenté la dosis, debido al efecto de desintoxicación y efecto de muerte de la levadura. El está mas calmado, su apetito ha aumentado, el ha ganado dos libras (900 gramos), y por primera vez él ha comido uvas claras y sandía sin tener ninguna reacción. El está también mostrando interés en otros niños, lo cual es muy importante. Justamente anoche el abrazó y besó a su prima, ¡Emma!. También hice contacto con Larry de Kirkman Labs. Discutimos acerca de la B12, y el recomendó realizar una prueba de esta ya que el siente que la B12 no es muy considerada en el autismo. ¡Así que espere más resultados pronto!.

Bien, mi amigo, es aquí en donde nos encontramos con Joshua. RECUPERAREMOS A NUESTRO HIJO.

*  *  *  *  *

Y, finalmente . . .

Algo interesante: el jefe del departamento de Gastroenterología del Children´s Hospital en DC, finalmente me hizo una llamada para decirme que había sobre estimado los resultados de las pruebas de Joshua. El dijo que no podía hacer mucho por él, pero mencionó que un expositor de una de las conferencias que él había asistido en el extranjero habló de una conección entre el autismo y el sistema gastrointestinal, y que él pensó en Joshua. El empezó a preguntarme que era lo que iba hacer por Joshua. Le platiqué acerca de la secretina y el té, y mi conversación con Larry y Jean acerca de la terapia con B12, y los pequeños milagros que estábamos observando día tras día. El sonó genuinamente contento por mí, y me pidió que lo mantuviera informado, diciendo que le gustaría darle seguimiento a la recuperación de Joshua. ¡Inclusive él se ofreció en hacer la receta médica para el compuesto vitamínico! ¿Podría ser esta una señal positiva cuando el momento llegue? Espero que sí.

Espero que mi historia pueda ayudarle en los momentos difíciles así como la historias de otros me han ayudado. De un padre a otro, le voy a decir lo que he descubierto a lo largo de este agridulce viaje:

  1. No tenga miedo de seguir su intuición. Es para eso que Dios se la proporcionó. Creo que la intuición es en ocasiones la voz de Dios.
  2. Permítase tiempo para lamentaciones, pero tenga cuidado de no quedarse atorada ahí, ya que no hace ningun bien, especialmente para usted. Tiene usted que mantenerse ocupada – el tiempo es valioso. Este tiempo puede ser disfrutado amando y recuperando a su hijo.
  3. Escape de la negación y la culpa – solemente hágalo.¡Muévase hacia adelante!.
  4. Continué tocando puertas, buscando y preguntando. Usted conocerá a alguna de las personas más fuertes y sorprendentes de esta red, y ellos estarán gustosos de ayudarle con su hijo.
  5. Lo más importante, NUNCA, NUNCA, ¡NUNCA SE RINDA!.

Voy a terminar con estas palabras de Michael Curtin: “Si usted se rinde en ayudar a su hijo, usted lo perderá para siempre, lo cual será una gran injusticia para usted y para él”.

Que Dios lo bediga a usted y a los suyos.

Actualización (Febrero 2003):

Desde que escribí mi historia, los siguientes cambios han ocurrido en Joshua, el cual tiene ahora 27 meses de edad. El está hablando, cantando, bailando, y habla en oraciones. El muestra un genuino interés en otros niños, tiene gran contacto visual, se involucra en juegos, ¡y definitvamente se encuentra en los terribles primeros dos años del crecimiento!.

Su conducta es más calmada y tiene mejor concentración. Lo podemos sacar en público con mayor facilidad. Sus “auto estímulos” – golpearse la cabeza, dar vueltas, y arrastrar su cara por el piso – son muy escasos y ocurren con muy poca frecuencia y solamente ocurren cuando está expuesto a mohos, alimentos con fenoles, maíz, productos de leche, o gluten. Hemos descontinuado el uso del Té Essiac debido a que ahora se encuentra en una dosis de mantenimiento diaria de secretina SecroFlo, así como a infusiones cada dos meses. (De los tres distintos tipos de secretina que hemos probado, esta es por mucho la mejor).

También empezamos a utilizar una línea de enzimas digestivas producidas por una compañía llamada Enzymedica. Eso, junto con el SecreFlo, han tenido un gran impacto en el apetito de Joshua, digestión (por ejemplo, evacuaciones bien formadas), y respuesta alérgica (tanta fisiológicas como conductuales) de alimentos. El también ya no tiene ataques asmáticos. Esta línea de productos incluye enzimas que son libres de fenoles. De las distintas enzimas que hemos probado, estas son las únicas que parecen tener efecto en Joshua. (Es importante, sin embargo, que estas enzimas sean ingeridas ANTES de que los alimentos sean digeridos. Ellas también pueden ser administradas entre las comidas). Utilizamos Lypo y Carbo en Joshua.

Esta compañía también maneja una enzima para el control de la evadura que  hemos empezado a utilizar en Joshua. Debido a que la levadura puede convertirse resistente al mismo tratamiento diario, hemos encontrado que hay que variar los antifungicidas que utilizamos. Estamos tratando de permanecer con antifungicidas naturales debido a que el Nizoral afecta al hígado y cruza la barrera de la sangre cerebral. Los Probióticos mezclados conSaccharomyces boulardiihan hecho maravillas hasta el momento. Hemos empezado con el Colostrum de Kirkman para atender la baja inmunidad y lento crecimiento de Joshua, y él está creciendo ahora de nuevo lentamente, ¡pero definitivamente ganará peso!.

Otro problema para Joshua ha sido el consumo de sus ácidos esenciales grasos debido a su restringida dieta. Lo tenemos en un producto llamado “The Total EFA”, hecho por una compañía llamada Health from the Sun. Mezclamos el líquido con YU natural Organic Rice Beverage y agregamos una enzima Lypo para que ayude con la digestión de la grasa (www.yubeverage.com;hemos encontrado que otras marcas de leche de arroz enriquecido contienen carageenan y palmitato ascórbico, los cuales no son buenos alimentos para estos niños). El continua tomando el multivitamínico Everyday de Kirkman, Companion de Kirkman, extra B6 y B12 con magnesio, y 80 miligramos de Zinc diariamente.

Los doctores de Joshua, dietista, y terapeutas están todos sorprendido con su completo cambio ocurrido en este último año. Verdaderamente tenemo a un niño más sano y normal.

Y finalmente, continuamos trabajando en sanar los intestinos de Joshua. Nos siguen faltando algunas piezas del rompecabezas, pero hemos aprendido como resultado del análisis de su sangre que sus linfocitos están “invertidos” (lo que debería ser una lectura baja está alta, y lo que debería estar alto está bajo). Hemos hecho una cita con el Dr. Timothy Buie, un especialista gastrointestinal del Harvard/Massachusetts General Hospital, el cual está realizando investigación en este campo, la cual es muy necesaria. Tenemos la esperanza que él pueda ayudarnos a tener un mejor entendimiento entre la conexión de Joshua entre sus intestinos y el cerebro de tal forma que podamos sanarlo completamente y recuperarlo.

Quisiera cerrar mi capítulo con una nota personal, y darle muchas gracias a todos quienes han estado con nosotros en esta agridulce travesia. Principalmente queremos agradecerle a Jesucristo el cual nos ha cargado cuando no habíamos sentido la fuerza necesaria, cuya gracia y paciencia nos ha llenado de humildad más allá de nuestra fé, y el cual ha contestado muchas oraciones. Le agradecemos a Joshua, por pelear esta batalla con nosotros. Estamos tan agradecidos con el Dr. Richard Layton y su increíble personal de apoyo, a nuestras queridas amigas Teresa y Amy, y a todos nuestros amigos y familiares los cuales han tenido fé en nosotros cuando todos los demás pensaron que estábamos locos en utilizar enfoques biomédicos para curar a Joshua. Gracias a Michelle de Ojibwa Tea, a todo el personal de apoyo de Kirkman Labs, y a Tory y George Mead y Katharine Lawrence por todo su tiempo, amor, motivación, y apoyo moral.

Y por último, un agradecimiento muy especial al Dr. Bernard Rimland, el fundador del Instituto de Investigación del Autismo, cuya investigación, orientación, y dedicación ha ayudado a nosostros y a incontables personas en colocar a nuestros hijos en el camino de la recuperación.

“Y sabemos que en todas las cosas, Dios trabaja por el bienestar de aquellos que lo aman los cuales ha llamado de acuerdo a Sus propósitos” .. Romanos 8:28.