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Capítulo 30
Predeterminados

Por Kelli Schlapfer

Kelli Schlapfer es la madre de Ryan, nacido en Septiempbre de 1990. Ella y su esposo, Rob, viven en el sureste de Oregon. Esta historia fue escrita en Mayo del 2002.

Dedicatoria: Dedico esto a mi hijo amado el cual siempre será el más preciado hijo que Dios me pudo haber dado. Nunca permita que nadie le quite su esperanza; permanezca firmemente determinado, ya que a usted se le ha hecho un gran llamado.

Le voy a decir la verdad: esta es la primera ocasión en la que he expresado por escrito como me siento acerca de la discapacidad de mi hijo Ryan. Simplemente no me había sentido la necesidad durante estos pasados años en pensar al respecto – a pesar de su carga casi abrumadora. Mi tiempo ha sido invertido en tratar de arreglarlo, enfrentarlo, y contrarrestarlo.

He encontrado que no estoy sola. Me uní a una compañía de padres los cuales han caminado el mismo camino y encontrado los mismos obstáculos – enfrentándolos con la misma determinación y resolución. Ellos son mis héroes – las personas que me inspiraron a tener esperanza.

Esta es la realidad para aquellos que tienen un niño con autismo: Poco tiempo después de tener el diagnóstico de su hijo, uno se enfrenta brutalmente cara a cara con lo que aparenta ser un futuro ya determinado inclusive antes de que usted tenga la oportunidad de hacer alguna diferencia.

En su nivel más básico, el ser padres se trata de hacer algo de la vida de sus hijos. Si el es muy problemático decimos, “Me pregunto como son los padres”, o “Sus padres no lo disciplinan, pase el tiempo suficiente con él, o  motive a ese niño lo suficiente”. Parece que enfrentamos la arrogancia de los niños como si existiera una absoluta correlación entre como un niño se comporta y las habilidades de los padres – o su ausencia – aplicadas a la situación. También yo tengo esta forma de pensamiento.

Cuando un doctor le dice a uno que su hijo tiene autismo, la siguiente oración es invariable, “No sabemos las causas de esta discapacidad, y no sabemos como tratarla”.

Después de recuperarse del torrente de noticias devastadoras – horas, días, o semanas después – uno empieza a procurar una respuesta. Seguramente existe algo afuera, alguien puede ayudarle con su hijo. Por lo tanto la búsqueda inicia.

La búsqueda trae consigo más noticias desalentadoras.

La vida de su hijo está “predeterminada”. Existen sin número de estadísticas para probarlo. Las probabilidades son que el sea colocado en una institución cuando crezca o, en el mejor de los casos, colocado en una casa grupal de apoyo.

Un casa grupal . . . ¿es este el sueño para mi hijo? ¿Qué hay respecto a su hijo? Imagine si el mejor hogar que su hijo puede tener es una casa grupal. ¿Es este su sueño? Para un niño autista está predeterminado.

Más noticias tristes: la vida escolar para un niño autista está usualmente limitada a una restringida habitación de educación especial. Para algunos significa nunca aprender a hablar, nunca tienen un amigo, y nunca aprenden nada que consideremos típicamente importante para ser exitoso. Agregue a esa vida llena de comportamientos extraños que lo convertirán, en el mejor de los casos, en socialmente raro y, muy seguramente, un marginado. ¿Es esto lo que soñó para su hijo?

Imagine si la mejor educación que su hijo pudiera tener es una habitación restrigida de Educación Especial. No estoy hablando acerca de los méritos de la educación especial. Estoy hablando acerca de los sueños. Nadie sueña en relación a tener a su hijo durante los años escolares en programas especiales. Para un niño autista está predeterminado.

Y no para ahí.

Cuesta alrededor de dos millones de dólares criar a un niño autista hasta que sea adulto. Las compañías de seguros no ayudan; ellos no cubren el tratamiento de su hijo autista. Una vez que alcanzan la madurez, los individuos autistas muy seguramente nunca se casarán, nunca tendrán hijos.

Y por si lo anterior fuera poco, usted probablemente terminará criando a su hijo en solitario: los matrimonios que tienen un hijo con necesidades especiales fallan cincuenta por ciento mas frecuentemente que el promedio nacional.

Imagine si la mejor familia que podría esperar su hijo estuviera llena de problemas y estrés. ¿Es este el sueño que había soñado para su familia? En una familia de un niño autista está predeterminado.

Las estadísticas se convirtieron en la realidad para mí cuando recibí el diagnóstico de un excelente equipo de la Universidad de Oregon, en Eugene. Era el verano de 1996. Lloré todo el camino de regreso a casa. Contnúe llorando el resto de la noche debido al futuro que mi familia enfrentaba. La esperanza que había tenido en relación a criar a nuestro hijo fue borrada de mí mente en un instante. Los sueños que había tenido para Ryan, lo que el sería cuando creciera, la esperanza de lo que pudiera ser, ahora no encajaban en dulces sueños sino en cambiantes sueños negros y blancos.

Imagine si el mejor futuro que pudiera usted esperar estuviera limitado, no por sus sueños, sino por el diagnóstico. Para un niño autista esto está predeterminado. Eso es lo que le dicen a uno.

¿Cuál era el costo que estaba dispuesta a pagar para salvar a Ryan de una vida que estaba Predeterminada? Sabía que me tenía que quitar mi duelo y pelear, no importando el costo. Emocionalmente, físicamente, financieramente, espiritualmente ha sido un costo enorme, mas de lo que imaginé al principio. El peso de criar a un niño autista es tremendo. Ha habido ocasiones en las que he deseado dejarlo todo y seguir las estadísticas. Pero en algún lugar del camino decidí que no me podía rendir; esa decisión es la fuerza que me guía a moverme hacia delante. He llegado al punto donde creía que podía hacer la diferencia. He encontrado una fuerza tremenda en esa convicción.

Ya no estoy Predeterminada en mi rol de madre – estoy DETERMINADA. Determinada a, algún día, observar los ojos de mi hijo y ver a un muchacho fuera de las garras de lo que llamamos autismo.

Existen muchas metáforas asociadas con el autismo. Una de las más patéticases el robo – la violación que uno siente cuando algo preciado se nos ha sido robado. Tener un hijo con autismo es como estar robado, robado de lo que más tememos: la relación única entre padre e hijo.

Estoy especialmente atraída a Ryan cuando el duerme. Desde entonces he aprendido que esto es verdad en muchos padres de niños autistas. Mientras Ryan duerme yo puedo tocar su cabeza sin que el me rechace. Puedo besar su cabello sin que me llame de alguna forma. Puedo sostener su mano y  susurrarle todas mis esperanzas y oraciones hacia él. Puedo colocarme junto a él y observarlo con los simples ojos de una madre observando a su hermoso hijo. Estos son momentos preciosos, sin embargo agridulces. Mientras estoy sentada ahí, en la obscuridad de su habitación, las las dudas llegan a mí, el pánico me llena a medida que miro su rostro y me pregunto, “¿He hecho alguna diferencia? ¿Está lo suficientemente determinado?.

Han existido muchos momento difíciles durante nuestra batalla para recuperar a Ryan. Pero nunca he perdido mi convicción en permanecer firme. Al principio me fue muy difícil abogar por Ryan mientras me enfrentaba incredulidad. Cada doctor y cada especialista decían lo mismo: “No sabemos como ayudarle; él es simplemente autista”. Ellos decían “autista” como si esto respondía todas mis preguntas. Ellos no tenían fé, ni esperanza, y ninguna creencia. Hubo días en lo que lo único que tenía eran mis creencias. Alguien, algo allá en el exterior podía ser de ayuda.

Como muchos otros, hemos realizado la gama de terapias y pruebas: terapias de lenguaje y ocupacional, jardín de niños especiales, medicinas, MRIs, EEGs, pruebas genéticas, y muchos largos años de ABA (Análisis Conductual Aplicado). Hemos trabajado con 32 terapeutas, cuatro terapeutas junior, incontables compañeros, y auxiliares de clases. Al termino del segundo grado escolar de Ryan, había llegado al lugar en el que pensé que había hecho todo lo que podía. Seguía estando determinada, pero me dí cuenta que existía más de un problema que podía responder.

¿Por qué Ryan estaba siempre enfermo, por qué tan delgado, por qué tan alérgico a las cosas a su alrededor, por qué con problemas digestivos, por qué tan hiperactivo, y qué había en el mundo que estuviera relacionado con el autismo?.

Buscando las respuestas, empecé a escuchar acerca de nuevos tratamientos biológicos. Estos habían sido utilizados para tratar problemas comunes entre los niños autistas. Nuestros doctores locales no realizaban las pruebas recomendadas o los tratamientos indicados por el nuevo enfoque DAN!. De nueva cuenta, impertubables por la incredulidad de otros, viajamos con Ryan para visitar al Dr. Jeff Bradstreet. En ese entonces el era uno de lo pocos doctores de los cuales trataban los problemas médicos que acompañan al autismo. Los tratamientos biomédicos que el Dr. Bradstreet y otros doctores DAN! han utilizado en Ryan atendieron problemas médicos de larga presencia que no habían sido tratados por años.

Realizamos la labor biomédica con la misma intensidad que la terapia ABA. Ryan ha estado en la dieta libre de gluten y caseína (GFCF) durante muchos años. Agregamos altas dosis de vitaminas y tratamientos anti hongos para contrarestar su problema de levadura fuera de control. Realizamos pruebas de alergias, y confiamos en nuestra observación para determinar cuales otros alimentos debían de ser eliminados. Realizamos la primera de numerosas infusiones de secretina cuando Ryan tenía ocho años. Por primera vez, Ryan podía ir a la escuela sin preocuparnos acerca de que tuviera un accidente del baño. Para su padre y yo, nos otorgó la primer conversación con nuestro hijo. El uso de la secretina nos convenció de que la condición de Ryan era una problema médico y no un problema mental. Desde ese entonces no hemos mirado hacia atrás – ninguna piedra ha sido dejada sin mover. Hemos continuado procurando cualquier opción médica viable. Ryan ha florecido bajo estos cuidados, permitiendo que el trabajo de las terapias previas rindieran frutos.

Durante años hemos peleado por restaurar las herramientas coyunturales de la educación y los tratamientos biológicos. El camino ha sido difícil debido a díficiles obstáculos que se encuentran en el camino de las familias que enfrentan el autismo. En ocasiones uno tiene que pelear contra todos – al sistema educacional por una apropiada educación, al sistema médico por cuidados de la salud, la compañía de seguros por cobertura, y a la sociedad misma por la comprensión de nuestra indignación y determinación. Cada sistema a su manera le deja a uno la impresión de que los niños autistas no son amorosos, que no valen la determinación.

Mi hijo es amoroso. El tiene valor y aprecio. Ryan ha superado cada reto que se le ha presentado, ha enfrentado mas batallas en su corta vida que la que la mayoría de los adultos han enfrentado. El tiene ahora once años de edad y está en el quinto grado escolar. El se parece y actua bastante similar a sus compañeros. El ha sobrepasado lo que las estadísticas habían establecido para él. El es uno de los afortunados – el sistema tenía que trabajar para él … estaba determinado.

En el momento que escribo esto, estoy peleando por los otros niños que he conocido en el camino – aquellos que necesitan a alguien determindado por su bienestar de vida. Como sociedad necesitamos estar determinados por los niños detrás del diagnóstico. En medio de todas las estadísticas, investigación, y política, es fácil perder de vista al niño. Cada niño debe de tener la oportunidad de recibir la educación y tratamientos médicos que han probado ser efectivos en combatir esta discapacidad. Para las familias que se están iniciando en la camino hacia la recuperación, existe algo que que lo llevará al otro lado:

Determinación.

Sería descuidada si no menciono que muchas personas han sido desinteresadas  con el fin de ayudar a mi hijo y mi familia – algunos conocidos, otros desconocidos. A ellos les debemos nuestra mayor gratitud por su inmensa amabilidad. Ryan ha excedido cada una de nuestras expectativas. Ellos han ayudado a que Ryan encuentre un camino fuera de la obscuridad del autismo, llevándolo a una vida llena de brillo y esperanza.

Cada ocasión que observo a Ryan reír y jugar, cada ocasión que nuestros ojos se encuentran y me dicen lo que hay en su corazón, cada ocasión que lo llevo a la escuela y corre alejándose del auto sonriendo, le doy las gracias a todos los que nos acompañaron y ayudaron en proveer ABA y tratamientos médicos.

Ellos nos han otorgado un gran regalo: la recuperación de nuestro hijo.

Actualización (Febrero 2003):

Ryan ha madurado hacia un adolescente, así que nos hemos enfocado nuestra intervención en desarrollar sus habilidades sociales de adolescente. Sus días están llenos de adolescentes mayores asistiéndolo con las “típicas” cosas que los adolescentes hacen: música, muchachas, desarrollar un estilo, experimentar la vida, salir con amigos y – lo más importante – actuar “en la onda”. Existe un arte para todo esto, el cual solamente otro adolescente puede modelar. Esta nueva intervención ha tenido resultados sorprendentes. Ryan es más maduro, menos  centrado en sí mismo, y mayor auto suficiente. Los adolescentes, no tienen tiempo para comportamientos residuales autistas. Ellos son despiadados y logran sorprendentes resultados con el solo hecho de ser ellos mismos.

Existe algo que lo que he encontrado invaluable al pasar de los años: gente conocedora. El consejo más importante que le puedo dar a un padre es este:encuentre a alguien que pueda ser un maestro para usted, una persona que lo pueda guiar a travez de las numerosos intervenciones educacionales y médicas que necesite aprender, una persona que haya caminado el camino y pueda proporcionar apoyo informado – evitándole desperdiciar tiempo valioso. Debe de ser un padre el cual haya pasado anteriormente y caminado el difícil terreno del sistema educacional. Puede ser un consultor que pueda ayudar a llevar la carga, ayudando incansablemente, y al final conviertiéndose en su compañero. Puede ser un administrador escolar el cual lo escuche abiertamente, que no esté temeroso de probar nuevos enfoques, y le enseñe durante el camino. Puede ser una madre que lo haya hecho todo con anterioridad – ella conoce su dolor de primera mano, y al final su mayor regalo es que le enseñe a reír de nuevo. Estas personas pueden ayudarle a hacer la diferencia en la vida de su hijo y si usted es afortunado, como yo lo he sido, algunos pueden terminar siendo sus mejores amigos. En mi caso, Jeff, Erin, Rick y Kathy comparten el milagro de Ryan.

La esperanza y la determinación siempre estarán con nosotros.